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Ámbito de actuación 4

¡Celulosa a la vista!

Los barcos fluviales son el medio de transporte más sustentable para transportar celulosa de los Países Bajos hacia la Selva Negra.

Para nuestros papeles utilizamos principalmente fibras de celulosa y agua. Esta última la tenemos en abundancia frente a nuestras instalaciones, pero la celulosa muchas veces tiene que recorrer un camino más largo. Y este camino intentamos hacerlo lo más sustentable que sea posible. Una crónica de viaje.

Matthijs Mannak

“Nosotros traemos 150,000 toneladas de celulosa al año a Kehl.”

Matthijs Mannak, Director de Interrijn

Casi silenciosamente, el “Speranza”, pintado de un rojo vivo, va recorriendo las aguas grises-verdosas del Rin. Desde hace seis días se encuentra en el “viaje entre las montañas”, como llaman los marineros del Rin el viaje por el río aguas arriba. Ahora, el barco acaba de pasar la exclusa de Gambsheim. Ahí subieron dos pasajeros para seguir el viaje hasta la estación final de Kehl. Marc Lienhard y Matthijs Mannak hablan con frecuencia entre ellos por teléfono, pero todavía le dan más valor a la conversación personal: hoy incluso sobre el agua. Lienhard es el jefe del departamento de logística y gestión de procesos del Grupo Koehler en Oberkirch, y Mannak es director de la empresa prestadora de servicios de logística Interrijn, en Zwijndrecht, en los Países Bajos. Todavía falta una hora y media para llegar a Kehl.

Con rumbo a Kehl

Desde la proa, ambos echan una mirada al “Speranza”, de más de 110 metros de largo. Sus miradas caen sobre el largo techo que mantiene seca la bodega de carga. Dentro de ella van 8,000 pacas de celulosa, que tienen detrás de ellas un largo viaje. Hace ocho semanas, un buque de carga oceánico las cargó a bordo en América del Sur y atravesó con ellas el Atlántico. Al llegar al puerto de Vlissingen, en los Países Bajos, la valiosa materia prima fue transferida por Interrijn desde el gran buque mercante hasta el barco fluvial. La ciudad portuaria en la desembocadura del Escalda en el Mar del Norte es un importante centro de transbordo de mercancías para los transportes de celulosa de todo el mundo. Mientras el barco va deslizándose en dirección a Kehl, Mannak mira hacia la ola de proa, y nos cuenta: “Nosotros transportamos casi todo, excepto líquidos. Mercancías a granel como maíz, carbón y yeso, pero también acero y tractores; y por supuesto, celulosa. Casi todas las semanas, uno o dos de nuestros barcos están realizando travesías para Koehler. En total, llevamos aproximadamente 150,000 toneladas de celulosa al año a Kehl.” Al preguntarles cuánto tiempo llevan cooperando Koehler e Interrijn, ambos ríen con un encogimiento de hombros, y conjeturan: “¿Desde siempre?” Aproximadamente unos 40 años, precisa Mannak; al menos eso dicen sus empleados que llevan el mayor número de años en la empresa.

Map background

“El barco fluvial produce solo una tercera parte del dióxido de carbono que se produciría con el transporte en camión.”

Three people talking
  • Hay 792 kilómetros entre Vlissingen y Kehl
  • 82 horas solo de tiempo de recorrido requiere la “Speranza” para ello
  • En este viaje, pasa por 5 exclusas
  • El barco transporta 2,000 toneladas de celulosa

Celulosa de todo el mundo

Los fabricantes de papel le exigen mucho a su material. La celulosa debe ser de explotación forestal y plantaciones sustentables, y también debe cumplir muchos otros criterios: “Producimos papeles especiales, y por eso requerimos materias primas especiales. En América del Sur hay buenas calidades, pero también conseguimos celulosa de Escandinavia, España y Portugal”, explica Lienhard. La carga del “Speranza” está destinada, entre otras cosas, para la producción de papel térmico, que más tarde se corta para hacer, por ejemplo, rollos para cajas registradoras. El papel tiene que hacerse especialmente liso, para que la capa termosensible se adhiera bien. Además, debe ser resistente y pasar con facilidad por la impresora de recibos. La celulosa del barco alcanzaría para más de 750,000 kilómetros de rollos para cajas registradoras; con eso se podría envolver la Tierra casi 19 veces.

Interrijn y Koehler llevan décadas colaborando.

El barco supera al camión

Aproximadamente unas 80 horas ruge el motor de 1,700 CV del “Speranza” en su viaje de Vlissingen a Kehl. En el proceso quema 12,000 litros de combustible diésel libre de azufre, semejante al de los automóviles. Dos turbocargadores hacen más eficiente la máquina, y además los gases de escape se limpian en varias etapas. Un sistema para reducción catalítica selectiva inyecta la mezcla de urea AdBlueTM en el tramo de escape. Esta convierte los óxidos de nitrógeno en agua y nitrógeno, ambos inofensivos para el medio ambiente. A continuación, un filtro extrae el polvo fino restante de los gases de escape. A pesar de todo, el “Speranza” libera dióxido de carbono. Lienhard deja vagar la vista sobre las praderas del Rin, y recalca que los aspectos medioambientales desempeñan un importante papel en su trabajo. Seleccionó la vía acuática, porque es la posibilidad de transporte más sustentable para la celulosa: “El barco fluvial produce solo una tercera parte del dióxido de carbono que se produciría con el transporte en camión.”, calcula.

¿Sistemas de propulsión en el futuro?

Mannak se ocupa intensamente del tema de sistemas de propulsión más ecológicos para su flota, y enumera las alternativas: El hidrógeno requiere mucha energía para producirse, y hasta ahora falta la infraestructura para cargarlo. Los sistema de propulsión eléctricos existen para barcos pequeños que recorren trayectos cortos. Los conoce de los canales de Ámsterdam, cuenta el holandés. “Para una travesía en el Rin se requerirían tantas baterías que no quedaría espacio para la carga”, descarta, mientras el “Speranza” lucha contra la corriente. Las oportunidades las ve Mannak más bien en combustibles directamente sustituibles, que pudieran sustituir sin grandes conversiones el diésel para barcos. Diésel biológico, bioetanol, y HVO. Para el “hydrotreated vegetable oil” (aceite vegetal hidrotratado) las grasas usadas de las grandes cocinas, o la grasa animal, se procesan aplicándoles hidrógeno. Al quemar los combustibles de base biológica, se libera dióxido de carbono, pero solamente en la cantidad en la que las plantas lo han ligado antes de la atmósfera mediante la fotosíntesis.

Una grúa eleva la pesada carga del barco hasta tierra.
La bodega de carga va cubierta durante el viaje, para que la celulosa permanezca seca.

Desde el barco hasta la fábrica

Al llegar a Kehl, el barco atraca junto a una enorme grúa de portal, de la cual cuelgan unas gruesas cadenas. El techo se abre, y la carga se hace visible: 1,000 unidades de celulosa, cada una consta de ocho pacas, que son algo más grandes que una caja de mudanzas, y cada una de las cuales pesa unos 250 kilogramos. Cuatro trabajadores suben a la bodega de carga y enganchan los cables con los que están amarradas las pacas en ganchos de mosquetón. Las cadenas se tensan, y a continuación la grúa levanta ocho unidades al mismo tiempo, y las pasa colgando del barco al muelle. Varios montacargas se acercan rápidamente y llevan la celulosa a una nave de almacenamiento. Desde ahí, el viaje continúa. Hacia la planta de Koehler Paper en Kehl, muy cerca de ahí, para ser procesada para hacer papel térmico, papel decorativo, o papel para embalajes flexibles. O hacia Oberkirch, a 23 kilómetros de ahí, donde, entre otras cosas, sale cartón para naipes de la máquina productora de papel Marc Lienhard y Matthijs Mannak se despiden afectuosamente y se estrechan la mano. Pronto estarán viajando juntos con un barco de Interrijn bajando por el valle, en dirección a los Países Bajos. Pero entonces será solamente por placer, y por más de solo una hora y media.

Los montacargas llevan las pacas de celulosa lo más rápido posible al almacén.

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